≡ Canciones Espirituales
“Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios con gratitud de corazón”.
Colosenses 3:16
“Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón, dando siempre gracias a Dios el Padre por todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”
Efesios 5:19-20
Al analizar los dos primeros estilos literarios y musicales (salmos e himnos), que aparecen en Colosenses 3:16 y Efesios 5:19-20 es muy fácil encontrar la definición de ambos. Es más, casi todos los autores están de acuerdo en el tipo de composición a las que se refería el apóstol. Hay varias explicaciones en cuanto al significado del tercer estilo: los “canticos espirituales” o como lo traduce la Nueva versión Internacional “canciones espirituales”.
A pesar de estas dificultades podemos encontrar una gran cantidad de similitudes entre las diferentes interpretaciones:
(1) Darino nos muestra que en la década del ´90 la utilización de salmos y de himnos no planteaba ningún inconveniente con respecto a la liturgia de esa época. El problema se suscitaba con los “cánticos espirituales” que en la mayoría de los casos eran reemplazados con el término “corito”.
Ahora bien, podemos entender el corito como un diminutivo de coro. Pero debemos entender que un corito no es un cántico espiritual. Por ejemplo el estribillo del himno “Cuan grande es Él” también se puede denominar como “coro”. En algunos estilos de la música popular de Estados Unidos de Norteamérica, como por ejemplo, en el Blues y en el Jazz se denomina “coro” al tema o estrofa completa. Si el tema de un Blues es de doce compases y un solista improvisa sobre cuatro coros esta diciendo que su improvisación abarca, en total, cuarenta y ocho compases.
El corito se puede componer en la casa y luego ser traído a la congregación, por ende, no tiene una característica esencial del “cántico espiritual”, me estoy refiriendo a la composición en tiempo real, es decir, en el momento del culto o reunión de los cristianos bajo la inspiración del Espíritu Santo. Con respecto a los primeros cristianos, R. Martin afirma que:
“…da la idea de cantos inspirados por el Espíritu, parece que formaban un grupo separado. Eran el resultado de la inspiración inmediata, como en la escena de 1ra Corintios 14:26 donde se traen a la asamblea y se usan en la adoración composiciones improvisadas.” (2)
Alfred Küen(3) , amplia este concepto, planteando que eran improvisaciones inspiradas por el Espíritu. Podía ser que el Espíritu inspiraba la letra y la música de un cántico nuevo o también que le sugería la música para un texto bíblico.
Este teólogo describe que en las iglesias africanas es muy común este tipo de cánticos, dónde alguien pasa y canta algo improvisado haciendo participar, además, a la congregación.
Eduardo Nelson G., hablando sobre la adoración en la iglesia primitiva, plantea que entre estos cristianos era más común la espontaneidad que la rigidez. (4)
A través de este tipo de cánticos espontáneos nos mostramos ante Dios, tal cual somos. Le rendimos un tipo de adoración que sale directamente de nuestro corazón. Notemos que en los dos pasajes analizados aparece esta expresión: “… canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios con gratitud de corazón” (Colosenses 3:16) “Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón…” (Efesios 5:19-20). Si bien los tres tipos de expresiones (salmos, himnos y canciones espirituales) deben ser ejecutadas desde el corazón, las canciones espirituales son realmente las que no muestran ante Dios nuestra realidad expresada en una forma de adoración y sumisión total a Dios en todos los estratos de nuestra vida:
“Según el testimonio de los cristianos desde los tiempos más remotos “Cristo pone una canción en el corazón”. No es exagerado decir que los cánticos han enseñado más teología a los neoconversos que los libros de texto.” (5)
Al cantar un salmo o un himno ya escrito uno puede repetir sin pensar en lo que está cantando, aunque en realidad si no cree o vive lo que este tipo de canciones expresa en palabras, el que lo canta le está mintiendo a Dios.
En el cántico espiritual nos mostramos y le decimos a Dios lo que nos sale en ese momento que, es el resultado de lo vivido en ese periodo de tiempo, siempre bajo la guía del Espíritu Santo.
Bibliografía:
1 Miguel Angel Darino. La Adoración. Primera prioridad. Casa Bautista de Publicaciones. 1992. Pág. 75-76
2 Ralph P. Martin. La teología de la adoración. Editorial Vida. 1993. Pág. 66
3 Alfred Küen. Renovar el culto. Editorial Clie. 1996. pág. 168.
4 Eduardo Nelson G. Que mi pueblo adore. Casa Bautista de publicaciones. 1986. Pág. 86
5 Comentario Bíblico Moody. Nuevo Testamento. Editorial Portavoz. 2001.
